viernes, 6 de junio de 2025

Te guardé, hasta que me solté

"I don’t need your closure"

—Taylor Swift, Closure

Después de haber pasado un tiempo en mi país de origen y regresar al lugar donde resido, volví con unas pocas cosas que quedaban de mi infancia. Traje recuerdos que siempre había anhelado tener conmigo. Recuerdos de la dulce niña que fui.

La adulta en mí volvió con sentimientos encontrados, sintiéndome sin rumbo. Todo parecía igual, pero algo dentro de mí ya no lo era. Mi niña interior y la mujer que soy ahora, ya no eran la misma persona..

Nunca voy a olvidar una madrugada en la que no podía dormir. No sabía qué hacer, así que recurrí a lo único que, en ese momento, me daba calma: la espiritualidad. En una sesión, la terapeuta me dijo algo que se me quedó grabado:
“Ya no eres la misma persona que eras antes de que todo esto pasara.”
Recuerdo que lloré muchísimo después de escuchar esas palabras.

Días después, volví a pensar en esa frase. Me pregunté por qué quería volver a los momentos antes de que todo ocurriera. Y ahí entendí algo doloroso: había crecido creyendo que todo fue mi culpa. Me sentía culpable por la muerte de mi papá. Pero, ¿por qué?
¿Tal vez porque nunca fui la hija perfecta? ¿Porque no logré convertirme en la “buena mujer” que me enseñaron que debía ser, como si fuera lo opuesto a mi mamá?

Ahí comencé, poco a poco, a diferenciar entre lo que fue real, lo que viví y lo que me contaron. Empecé a ver con más claridad mis propias acciones… y las de él.

Me di cuenta de que soy una buena hija, incluso con padres llenos de errores y ausencias. Me di cuenta de que soy una buena mujer. Que mi integridad está intacta. Que mi corazón no está lleno de rabia, vacío o tristeza… sino lleno de vivencias.

Todos esos pensamientos me llegaron mientras lavaba una colcha que era mía de niña. No importaba cuánto la lavara, no podía quitarle el olor al descuido. El mismo descuido que mi papá siempre tuvo hacia mí. Fue en ese momento que me pregunté:
¿Por qué sigo presente para una persona que nunca estuvo presente para mí?
Él no fue capaz de cuidar algo tan frágil… hablo de la sábana. Y también de su hija.

Respiré hondo mientras sentía las lágrimas correr por mi cara. Me quedé con esa sensación incómoda. Ese sentimiento de rechazo. Y desde ahí entendí que nunca fui yo el problema. El problema fue él y sus vicios.

Ahí sentí paz.

Entendí tantas cosas sobre mis relaciones pasadas. Entendí que venían del trauma. Que, sin darme cuenta, siempre buscaba que alguien me escogiera… igual que mi papá nunca lo hizo.

Comprender el ciclo del abuso en un instante, y lo que provoca la adicción—ese patrón de darte un poquito y después quitártelo—me ayudó a soltar. Me ayudó a dejar ir esas migajas de amor que él me dio. Porque sus propios abusos fueron, en el fondo, el gran amor de su vida.

Solté cada relación que tuve. Porque entendí que nunca fue amor. Venía de una herida. Y una vez que pude nombrarla, una vez que comprendí su forma y su origen, solté también el dolor que vivía en mi corazón.

Como dice John Bradshaw, terapeuta familiar y autor de "Homecoming":
"Es en la herida donde comienza la verdadera recuperación. Lo que más duele es lo que más necesita nuestra atención."

Y yo lo sentí así.

Porque tu primer corazón roto…
es tu papá.

Llorando, tiré esa sábana a la basura.
Con ella se fue el recuerdo.
Y me quedé con la realidad en las manos.


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